Ucranianos, Polacos y Rusos en San José, Llavallol y Temperley

Mapa de Ucrania

LOS UCRANIANOS

Ucrania era una de las repúblicas más ricas de la ex Unión Soviética y al mismo tiempo su corazón industrial y agrícola. Con una extensión de 603.000 km2 y una población de 53 millones de habitantes, ha decidido ocupar el lugar que le corresponde en el concierto de las naciones europeas, con un ejército propio, con plena soberanía y una política exterior independiente. El gran impedimento para lograr ese objetivo, era que el 95% de las empresas estaban en manos de funcionarios del gobierno soviético, que absorbía la casi totalidad de su producción. El mismo Mijail Gorbachov, ante la huelga de los mineros y pedidos de reivindicaciones histórico-culturales, manifestó que “toda la base de las Repúblicas Socialistas Soviéticas quedaría a la deriva y la Perestroika fracasaría de persistir el movimiento de fuerza”.

Si nos remontamos a la historia, el mayor apogeo del Rus de Kiev (hoy Ucrania), se produjo durante el reinado del príncipe Vladimir “El Grande” y de su hijo Iaroslav “El Sabio”, entre 1019 y 1054. En esos momentos sucedió un acontecimiento que iba a influenciar a través de los siglos toda la vida espiritual de la nación. El príncipe Vladimiro, en el año 988, proclamó al cristianismo como religión oficial de todos los territorios sometidos a su imperio. En ese mismo año se realizó a orillas del río Dnieper, el bautismo en masa de todos los habitantes de la Rus. A partir de 1125 la Rus de Kiev se fraccionó en varios principados y luego, en el siglo XIII, pasa a integrar el reino de Polonia-Lituania. A mitad del Siglo XVII, logra momentáneamente su independencia, pero siempre fue sometida a los vaivenes políticos provocados por sus vecinos como Rusia, Polonia y Austria, hasta que Moscovia le usurpó el nombre de Rus y comenzó la constitución del gran imperio ruso.

Recién en un Congreso Popular realizado el 22 de enero de 1918 se proclamó en Kiev la independencia de la República Popular Ucrania. Ante la aspiración de ocupación territorial por parte de la Unión Soviética se concertó una alianza con José Pilsudski cediendo Galitzia a Polonia, pero aún así no pudieron impedir el avance soviético que llegó hasta las puertas de Varsovia. Durante la última Guerra Mundial, por el acuerdo soviético-germano, fue anexada a la Unión Soviética. Esta situación fue refrendada por los aliados en la Conferencia de Teherán y Yalta, y al finalizar la guerra se convirtió en una república de la Unión Soviética.

Debido a que durante toda su historia Ucrania ha tenido conflictos con los poderosos imperios centrales de Europa, gran parte de su población ha emigrado buscando mejores condiciones de vida. Muchos llegaron a nuestro país a principios de siglo y se dirigieron a Misiones, estableciéndose en Posadas, Apóstoles y Alem, como así también en el Chaco. Durante la posguerra han venido ex combatientes que no querían regresar a su país, ocupado por la Unión Soviética; instalándose principalmente en Llavallol, Villa Caraza, San Miguel y Villa Adelina.

LOS QUE SE RADICARON EN LLAVALLOL

En la época de la posguerra ya estaban instaladas en Llavallol más de cien familias ucranianas y hoy, junto con su descendencia, se han convertido en un importante grupo poblacional en la zona. En su gran mayoría son católicos ucranianos y fervientes nacionalistas.

Desde hace muchos años una de las principales calles del sur de esta ciudad lleva el nombre de Ucrania, y a fin de 1989 un importante grupo de vecinos de esa nacionalidad y el R. P. Luis Glinka, representante de la Eparquía de la Iglesia Católica Ucraniana, se dirigieron al Concejo Deliberante de Lomas de Zamora y lograron que se dictara una ordenanza, en el mes de diciembre designando con el nombre de “San Vladimiro” a la antigua calle San Lorenzo.

La religión ha sido un factor espiritual y cultural aglutinante de esta colectividad y profesan su fe en la iglesia ucraniana católica “Espíritu Santo”, que se encuentra situada en Boulevard Polonia y Del Campo, cuyo cura párroco es el R. P. Luis Glinka, que depende de la Eparquía Ucraniana sita en Ramón Falcón 3960, Capital Federal, y a cuyo frente se encuentra Monseñor Sapelak. Hay que tener en cuenta que en su visita pastoral que el Papa Juan Pablo II realizara a nuestro país, el 10 de abril de 1988, celebró la iniciación del Milenio del Bautismo de la Rus de Kiev en la Catedral de la Eparquía de Ucrania y que iba a culminar en octubre del mismo año.

También contiguo a la iglesia “Espíritu Santo” funciona el centro cultural “Prosvita”, que preside Estanislao Jagonet y cuyo secretario es Pedro Kezsanivski; donde se enseña el idioma ucraniano, danzas y escuela de "banduristas", que es un instrumento parecido a la guitarra.

En la calle Ucrania se encuentra un internado de monjas Siervas de María que vienen del interior y son de origen de la misma nacionalidad, estando dirigidas por la Hna. Juliana. Poseen una capilla de típico estilo eslavo y un jardín de infantes. Las hermanas estudian en distintas Facultades de la Universidad y a su vez prestan así atención y enseñan su idioma.

También la colectividad tiene un cementerio propio en Monte Grande. Conversando con Estanislao Iagonet, Esteban Prisko y muchos otros que llegaron después de la guerra desde distintos lugares de Europa, aquí vinieron a buscar la tranquilidad y el porvenir para sus hijos, pero sin olvidarse de las tradiciones y costumbres de su vieja patria.

Al producirse la disolución de la Unión Soviética como nación, luego de una profunda crisis, Ucrania con el voto de la mayoría de sus ciudadanos, logró la independencia y nació como un nuevo Estado europeo bajo la presidencia de Leonid Kravchuk. Pocos días después nuestro país fue el primero en reconocerlo como tal en América latina.

Iglesia Ucraniana de Llavallol

Iglesia Ucraniana de Llavallol

Mapa de Polonia

LOS POLACOS

La mayor parte de esta narración fue publicada por el autor en el periódico "Noticias de Lomas de Zamora"

HISTORIA DE UN PAÍS QUE LUCHÓ POR SU UNIDAD

El 1° de setiembre de 1939 las divisiones “panzer” alemanas entraron en Polonia, iniciándose así la Segunda Guerra Mundial. Los soldados polacos en Kutno cargaron sable en mano a caballo contra los tanques alemanes, mientras que desde el aire eran atacados simultáneamente por los aviones “Stukas”. En menos de un mes Polonia capitulaba y una vez más, como en épocas anteriores, entre Rusia y Alemania se repartían su territorio.

Si nos remontamos en el tiempo, el martirologio polaco comenzó cuando su vasto territorio fue ocupado progresivamente por Rusia, Austria y Prusia en los años 1773, 1793 y 1795. Después de la derrota de Napoleón, al realizarse el Congreso de Viena, en 1815, pierde en manos de los mismos países, parte del Ducado de Varsovia, Cracovia y el Reino de Polonia queda en manos del Zar Alejandro de Rusia, que nombra a su hermano, el Duque Constantino, Jefe del Ejército Polaco. Aún así, ese pueblo totalmente desmembrado y desprovisto de su propio Estado, seguiría manteniendo incólume su identidad nacional. Recién en 1918, una vez derrotados los imperios centrales en la Primera Guerra Mundial, Polonia después de un siglo lograba su independencia.

En la Segunda Guerra Mundial, el país es repartido entre la Unión Soviética y el Tercer Reich como consecuencia de las cláusulas secretas del pacto Molotov-Ribbentrop, firmado una semana antes de ser invadida Polonia.

Desde entonces el “holocausto judío” se ha convertido en el tema obligado para demostrar la crueldad de los nazis y el sufrimiento de ese pueblo. Lo que nadie habla es del genocidio del heroico pueblo polaco confinado en Siberia y en los campos de concentración donde murieron millones en Auschwitz (la polaca Oswiecin) y donde también encontraron la muerte 2.647 sacerdotes y 3 obispos católicos.

Posteriormente al invadir Alemania la Unión Soviética, al aliarse ésta con Francia e Inglaterra, el gobierno polaco en el exilio, que se encontraba en Londres, encabezado por el Gral. Vladislav Sikorski, llegó a un acuerdo con Stalin que puso en libertad a los prisioneros en su poder. El Gral. Vladislav Anders formó entonces el II Cuerpo Polaco de 40.000 hombres, que luego se llenaría de gloria en la toma de Monte Cassino y Ancona.

Mientras se producían estos hechos, Alemania comenzó a exterminar a toda la dirigencia política, cultural, científica y social de Polonia, llevando a tres millones de personas a realizar trabajos forzados a ese país. Los judíos fueron perseguidos y eliminados en sus “guetos” y las aldeas fueron arrasadas. Se estima que en manos de los nazis, han muerto alrededor de seis millones de polacos.

En estos dramáticos momentos del exterminio del pueblo polaco, sólo una luz mantenía intacta su fe y su esperanza: la Iglesia Católica. El mismo Hans Frank, que era en 1940 el despiadado gobernador alemán en Cracovia, tuvo que reconocer que “La iglesia es para las mentes de los polacos el punto central de encuentro que resplandece constantemente en silencio... aún cuando todas las luces se apagaron en Polonia, quedaron siempre la virgen de Czestochowa y la Iglesia”.

Al finalizar la guerra, el ejército polaco que había defendido a Francia, que había luchado en la batalla de Narwick en Noruega, cuyos aviadores integraron la Real Fuerza Aérea inglesa, cuyas tropas participaron en la invasión a Europa, fueron nuevamente traicionados por los aliados. Roosevelt y Churchill, de acuerdo con Stalin, convinieron en la Conferencia de Teherán que la Unión Soviética podía incorporar los territorios fijados en el acuerdo Ribbentrop-Molotov que estaban ocupados por los rusos y que incluía a Ucrania y Bielorrusia. Posteriormente en la Conferencia de Yalta, Churchill y Roosevelt permitieron que Polonia pasara a la órbita soviética por medio de elecciones fraudulentas. El presidente norteamericano, muy enfermo y reblandecido dijo que “No hay porqué engordar a la oca polaca hasta el punto de hacerla reventar de indigestión”. Pero Stalin, con la crudeza que lo caracterizaba, manifestó que “para la Unión Soviética, la cuestión polaca no era solamente una cuestión de honor, sino también de seguridad". Al triunfar esta posición quedó sellado por casi medio siglo el destino de Polonia.

Todos estos acontecimientos iban a tener una íntima vinculación con la llegada de los polacos en la Argentina durante la posguerra, porque muchos de ellos no querían volver a su patria que estaba en manos comunistas.

En 1947 el Segundo Cuerpo fue trasladado a Inglaterra, con la excepción de los que se habían casado con italianas y que fueron ubicados en Loreto, Ancona, Falconara, Predanio, Forli y Casena.

En esos momentos, luego del triunfo electoral del Gral. Juan D. Perón, la Argentina entraba en una etapa acelerada de industrialización en buenas condiciones económicas y reivindicando para la clase trabajadora una política de justicia social. Esta política resultaba atractiva para la radicación de inmigrantes en la cual, según Santiago Peralta, director de la Comisión Inmigratoria Especial, se reservaba una importante cuota para los polacos. Durante la visita oficial que Eva Perón realizó a Italia en junio de 1947, tuvo conocimiento de la presencia de tres mil matrimonios polacos a quienes se les rechazó su ingreso a Inglaterra, e inmediatamente los invitó, en nombre del presidente Perón, a radicarse en la Argentina. En Londres la Fuerza Aérea Polaca brindaba una completa información sobre la Argentina; destacando las posibilidades de participar en colonias agrícolas-ganaderas, o trabajar en talleres y las posibilidades que en poco tiempo podrían poseer su propio campo o su propio taller.

EL MOVIMIENTO INMIGRATORIO

En estas circunstancias se produjo un flujo inmigratorio polaco hacia la Argentina, en donde ya funcionaban distintas entidades polacas que iban a colaborar en la ubicación de los nuevos inmigrantes.

Desde 1946 hasta 1950 se estima entraron alrededor de 13.000 polacos en nuestro país, de los cuales alrededor de 2.000 eran polacos e hijos de polacos que habían salido de Argentina para defender a Polonia durante la guerra.

Conversando con Nicolás Kuczynski, un ex-paracaidista polaco que perteneció a la R.A.F. y que vive en Llavallol, manifestaba que los hombres son juguetes del destino y de acontecimientos que muchas veces no se podían manejar. Recordaba que, cuando se produjo la invasión alemana a Polonia, le tocó luchar como oficial del ejército polaco.

Una vez ocupada Polonia por los nazis, por su condición de militar, fue desterrado a Siberia, donde padeció cruentos sufrimientos. Posteriormente, al aliarse la Unión Soviética con Gran Bretaña, fue puesto en libertad. De allí se trasladó a Irán, Irak, Palestina y Egipto, para recalar finalmente en Gran Bretaña, donde integró el cuerpo de paracaidistas británico que actuó en la invasión final a Holanda, que estaba ocupada por los alemanes. Finalizada la guerra, lleno de medallas al valor, no quiso volver a su querida Polonia natal porque estaba en manos del comunismo. Como muchos de sus compatriotas, se embarcó hacia la Argentina, que era un país que les ofrecía paz y trabajo.

Pero si retrocedemos en el tiempo, la inmigración polaca en nuestro país se inició a partir de 1812, con la llegada de algunos militares que habían participado en la lucha por la independencia de su país.

En 1897 comenzó la inmigración masiva y llegaron 1.400 agricultores provenientes de la Galitzia Central ocupada por los austríacos que les querían imponer el idioma y la cultura alemana. Luego de su llegada a Buenos Aires, el gobernador de Misiones, don Juan José Lanusse, decidió hacerse cargo de los colonos y, al mismo tiempo, lograba poblar dicho territorio que en gran parte se había perdido debido al Laudo del presidente norteamericano Grover Cleveland en 1885. Así quedó constituida la primera colonia polaca en Apóstoles, estableciéndose la segunda en Azara, en 1901, y la tercera en Corpus, en 1902.

LLAVALLOL: UN DESTINO

A principios de siglo también hicieron su primera aparición los polacos en Llavallol, que fueron a trabajar a las chacras de Daniel Enz, que se había establecido en 1852 y de Eduardo Duhalde, que había hecho lo mismo en 1888.

En 1908 se trasladó a Llavallol la Cervecería Bieckert, que estaba funcionando en el barrio de Balvanera, desde 1860, luego que el químico alemán Sr. Friedrichs analizara las aguas del lugar y las considerara apropiadas para la elaboración de la cerveza. En esos momentos, el Dr. en Química Gastón M. Mazurkiewitz, de origen polaco, era director de la Bieckert. Su hermano Estanislao era el embajador de Polonia en la Argentina, lo que facilitó la llegada de sus compatriotas, que venían preocupados por una guerra inminente en Europa y muchos encontraron trabajo en esta empresa. Como no tenían donde dormir, debido a que la zona era netamente rural, se instalaron provisoriamente en barracas levantadas por la misma empresa para tales efectos. Pero Llavallol comenzó a crecer y en 1909 comenzaron a lotearse las tierras de Enz, Duhalde, Petersen y otros.

Como no había transportes locales, para acercar a los trabajadores a la Bieckert en 1912, se inauguró una línea de tranvías a caballo que hacía el recorrido desde Almirante Brown a Llavallol. Salía desde la estación Llavallol por la calle Pronzato, continuando por Harris, Luján, Sarratea, Pobladora, Tinogasta hasta Seguí y terminaba en la estación de Adrogué. Con el progreso y su aumento de población llevó a la Municipalidad de Lomas de Zamora a declararla planta urbana. En 1931 se instaló Firestone y en 1938 la Vidriería Vasa, con lo que aumentaron notablemente las fuentes de trabajo.

Desde el punto de vista espiritual la Iglesia polaca nunca abandonó a sus compatriotas y desde hace sesenta años en la capilla del colegio Euskal Echea se daba misa en idioma polaco todos los domingos al menos hasta los ‘80s. A principio eran oficiadas por sacerdotes pertenecientes al Verbo Divino y actualmente lo hacen los franciscanos paduanos de Martín Coronado.

La presencia de una colectividad tan numerosa hizo que, en 1923, se reunieran Antonio Zukowski, Leon Fail, Estanislao Dopieralski, Estanislao Bartoszek, Pedro Muszinski, Martín Bak y otros, fundando la Sociedad Polonesa de Llavallol. Al poco tiempo crearon cursos de lengua y cultura polaca con 23 alumnos, siendo sus primeros maestros los hermanos José y César Podrez. Después de la última guerra mundial recibieron y dieron alojamiento a los ex combatientes y a sus familias en su sede de Hernández 211.

Acostumbran a festejar anualmente las fiestas patrióticas como el Día del Soldado o el Milagro ante el Vístula, Pascua, Navidad, etc. Esta sociedad fue una de las primeras instituciones de Llavallol y al margen de mantener las tradiciones polacas, durante mucho tiempo solía concurrir toda la población y a través de los bailes y el contacto permanente, surgió una gran corriente de simpatía entre argentinos y polacos que hoy tiene vigencia más que nunca. La actual Comisión Directiva tiene al escribano Alfredo Podrez como presidente, a Don Pedro Szakiel como vice y a Juan Lizak como secretario.

En los comienzos de la vida del pueblo ya había cinco sastrerías de medida y las mismas pertenecían a los polacos Gregorio Scurrovich, José Tujveler, Miguel Valeszenko, Rogelio Yankonski y Pedro Pszenioni.

Pero uno de los lugares más populares era la “fonda” de Carlos Zielinski, ubicada en Gobernador Ugarte (hoy Antártida Argentina) y Santa Catalina (hoy Boulevard Polonia), debido a la gestión realizada por la “Comisión del Milenio de Polonia de la Diócesis de Lomas de Zamora”, integrada por Miguel Skrzypicki, Nicolás Kuczynski y Juan Carlos Zielinski, en 1966. Allí se podían saborear los típicos platos de Polonia, como el “barszcz”, que es una sopa en base a remolachas, o la “capusta”, que es el plato tradicional polaco hecho en base a chucrut con cerdo, o las famosas “pierogi”, que son una especie de empanadas rellenas de ricota o chucrut, pero hervida. También estaban los postres como el “nales’niki”, que es una especie de panqueque envuelto con relleno de ricota dulce, espolvoreado con azúcar o el “paczki”, que era una especie de berlinesa rellena de dulce de ciruela.

En realidad, la inmigración polaca en Llavallol tuvo tres períodos bien definidos. El primero se produce a principio de siglo, cuando llegaron los campesinos que venían por razones políticas y económicas. En esos momentos Polonia era ocupada por Austria y la situación de los campesinos, en tierras que pertenecían a grandes latifundios, era deplorable. El segundo período inmigratorio se produjo a partir de los años anteriores a la Primera Guerra Mundial y que se prolonga hasta el comienzo de la Segunda. La principal motivación inicial fue la inminencia de la guerra, y su radicación en Llavallol está vinculada con la instalación de industrias, que se inicia con la llegada de la Cervecería Bieckert, en 1909. Los últimos inmigrantes llegaron después de haber participado en la última guerra, teniendo la mayoría preparación técnico mecánica que les facilitó su inserción en el nuevo país que habían elegido para vivir para el resto de sus vidas.

LOS QUE LLEGARON AL BARRIO SAN JOSÉ

Como se ha visto anteriormente, la Argentina recibió a los ex combatientes y sus familias como verdaderos hermanos, cuando otros países ponían todo tipo de trabas burocráticas para permitirles el ingreso. Lo que es interesante, es conocer la opinión de los mismos polacos al respecto. A este respecto es necesario destacar cómo Aleksander Omiljanowicz, en sus memorias, rescata las palabras de un oficial del II Cuerpo Polaco, cuando describe la impresión de sus connacionales al llegar a nuestro país de la siguiente manera: “...Buenos Aires hervía... Perón abrió las puertas a todos los inmigrantes, que después de la capitulación del Reich se dispersaron por Europa. No hacía mayores diferencias entre los aliados y sus enemigos. Gracias a ello, fuimos parte de una curiosamente colorida muchedumbre, integrada por dignatarios fascistas, ex oficiales de la Wehrmatch, republicanos españoles, colaboradores belgas de León Degrelle, franceses partidarios del mariscal Pétain, serbios partisanos anticomunistas...; sus enemigos, los croatas,…, rumanos, eslovacos, búlgaros, albanos...”. Así también llegaron las italianas casadas con polacos, a las que no se les había permitido su entrada a Gran Bretaña.

En Temperley, al fallecer Guillermo Kraft, que era el propietario de la “Quinta San José”, que se encontraba a mitad de camino, entre esta localidad y Quilmes, sobre la calle Pasco y que se extendía hasta la calle Amenedo en Almirante Brown, los herederos decidieron vender un sector llamado “La Chacra de las Niñas”. El crecimiento demográfico de Buenos Aires, producía un desplazamiento de su población hacia los suburbios y se incrementaba la demanda de lotes a los efectos de edificar “la vivienda propia”, con el auxilio del crédito de las casas proveedoras de materiales, que en esos momentos no había dificultad en conseguirlo.

El nombre de la “Chacra de las Niñas” se debía a que su antiguo propietario, Nicolás Spínola, tenía una cabaña que abarcaba una gran zona de Temperley, y les había cedido esa chacra a sus dos hijas solteras.

El 12 de diciembre de 1948, que puede considerarse como la fecha de nacimiento del Barrio San José, el martillero Juan Boracchia (h.) realizó el remate de la parte que comprendía el sector delimitado por las calles Santa Cruz, Santa Ana, Garay y Pasco; el cual comprendía más de 4.000 lotes. Entre los primeros compradores estaba José Mokszycki, quien por ser polaco que dominaba un poco nuestro idioma, compró cinco lotes que tenían los números 12, 13, 14, 15 y 16, ubicados en la calle Calandria, para él y sus connacionales. Fue el primer pocero del nuevo barrio y formó, con su familia, una empresa de perforaciones; actualmente tiene una ferretería instalada sobre la Av. Eva Perón (ex-Pasco). También Pedro Litarowics y Félix Morzowski compraron lotes ese primer día, siendo luego imitados por otros polacos que vinieron a habitar ese barrio poblado de grandes eucaliptos. Como tenían conocimientos técnicos se fueron adaptando rápidamente, llegando muchos de ellos a tener sus propias empresas, como en el caso de Juan Wolk, que tiene una empresa de venta de máquinas; o el de Estanislao Witkowski, que en 1951 construyó la única sala cinematográfica que había en el Barrio San José.

La asistencia religiosa, al principio, era escasa y tenían que ir a la iglesia de Quilmes, donde daba una misa un sacerdote de esa nacionalidad. Posteriormente el Padre Juan Antonio de Arguinchona, que era el párroco de San José Obrero, tuvo una reunión con la colectividad polaca y decidieron dar todos los domingos una misa en ese idioma, por medio del padre Kornas. Pero en 1954 se reunieron Mokszycki, Wolk, Kowalski, Kowalik y otros veinte feligreses, decidiendo construir un templo.

En 1956 compraron dos terrenos para levantar una capilla bajo la advocación de Maximiliano Kolbe. Ellos mismos rellenaron el terreno y levantaron un salón que funcionaba los sábados como escuela polaca y los domingos como capilla.

Con ese objeto, al principio, utilizaron un gran contenedor que donó la Ford Motor y fue traído en un trailer por el presidente del Club Polaco de Quilmes. Se levantó una pared al frente y una medianera de ladrillo; en poco tiempo comenzó la recolección de fondos para la construcción de la nueva iglesia con la ayuda del padre Estanislao Wrobel. La nueva iglesia, que está ubicada en Churrinche y Tordo, comenzó a construirse el 21 de abril de 1986 y fue inaugurada por el Obispo de Lomas de Zamora, Monseñor Desiderio Collino, el 4 de junio de 1988. Ahora todos los domingos da la misa el padre Enrique Heysler.

Tal vez Maximiliano Kolbe nada signifique para los que no son polacos, sin embargo, para ellos, es el símbolo de la fe y el heroísmo en los momentos que muchos claudicaban y se entregaban a los nazis como mansos corderos.

Auschwitz era un campo de concentración tipo ideado por Himmler, que debía servir como modelo a tantos otros. Era una impresionante ciudad de esclavos al servicio de la gran Alemania. Es decir, un sueño demencial. Dentro de esos campos la gente moría de hambre, de fatiga y desesperación por las torturas en la cámara de gas.

Un día, un gesto de amor trastocó la lógica brutal del campo. Lo hizo un fraile polaco que se ofreció a morir por otro compañero de prisión.

El lagherfürer Fritsch, también llamado “Cabeza de mastín”, había sentenciado a diez prisioneros a morir de hambre por cada uno que escapare. A fines de julio de 1941, un prisionero del bloque 14 escapó y no fue encontrado. Fritsch reunió al resto de los prisioneros en el patio y eligió al azar a diez a morir de hambre en un bunker. Uno de los condenados, Francisco Gajowniczek lloraba diciendo: “Pobre mi esposa y mis hijos”. En ese momento, Maximiliano Kolbe se presentó a los guardias y le dijeron “¿Qué quieres inmundo polaco?”. El les respondió: “Sustituir a uno de los condenados”. Cuando los diez prisioneros bajaron al “bunker”, el miedo empezaba a roer sus cuerpos y sabían que iban a morir de hambre. En esa larga agonía de desesperación el llanto dio paso a la plegaria, al rezo del santo rosario y a los cánticos religiosos ante el asombro de los alemanes.

El 14 de agosto solamente cuatro de los condenados aún sobrevivían y Kolbe fue encerrado en una celda de castigo que era un agujero en el piso en el cual sólo se podía estar de pie. Aun así taparon la parte superior del mismo.

Pero esta situación se convirtió para los alemanes en un serio problema que no podían admitir y a Maximiliano Kolbe lo exterminaron con una inyección de ácido fénico en sus venas. En esos dramáticos momentos extendió su brazo al verdugo musitando una oración. Al morir su rostro estaba radiante. Había muerto un hombre y nacía un santo.

Estos polacos e hijos de polacos que hoy comparten con nosotros la lucha para lograr un país que merezca ser vivido, vienen de un país milenario en que solamente la fe en Cristo les permitió sobrevivir y mantener su identidad nacional.

En la calle Amenedo de Adrogué vive el Coronel Alexander Florkowski, que fue uno de los héroes que al frente de su 18 Batallón de la VI Brigada “Lwow”, luchando cuerpo a cuerpo contra el 1er. Cuerpo de Paracaidistas del ejército alemán pudieron tomar la fortaleza de Monte Cassino que impedía el avance de los aliados en Italia. En Europa tuvo una fluida amistad con Juan Pablo II, desde que había sido Obispo de Cracovia y cuando llegó a Buenos Aires, fue el representante del General Anders, que era el jefe del Ejército Polaco, ante el Gral. Perón desde 1948 hasta 1969.

Hoy rodeado de su familia y de los recuerdos jalonados por las medallas ganadas en el campo de batalla, vive con la tranquilidad del deber cumplido.

Polonia le dio al mundo músicos como Federico Chopin, Ignacio Paderewski; científicos como Nicolás Copérnico o Madame Curie; premio Nobel de la Paz como Lech Walesa; santos como Maximiliano Kolbe y sacerdotes como Karol Wojtyla, que es el actual Papa Juan Pablo II. Por eso, luego de muchos años de sufrimiento bajo un régimen comunista, hoy Polonia resurge sobre sus cenizas con un gobierno democrático y otra vez la corona dorada luce esplendorosa sobre el águila del escudo polaco.

Polacos de Llavallol en la década del '80 visitando la Basílica de Luján

Polacos de Llavallol en la década del '80 visitando la Basílica de Luján

Sargento Juan Wolk

Sargento Juan Wolk

Parroquia San Maximiliano Kolbe en San José

Parroquia San Maximiliano Kolbe en San José

Coronel Alexander Florkowski con el Papa Juan Pablo II

Coronel Alexander Florkowski con el Papa Juan Pablo II

Mapa de Rusia

LOS RUSOS

Gran parte de la colectividad rusa, sobre todo la de origen eslavo, se agrupa principalmente en Llavallol; también en Temperley Este se encuentra otro grupo que se aglutina alrededor de la “Parroquia de la Santísima Virgen del Amparo”, perteneciente a la “Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio", de la cual nos hemos ocupado en el capítulo “La vida religiosa de un pueblo” bajo el subtítulo “Rusos”.

Los rusos de Lavallol se agrupan principalmente en el “Club Dnipro”, que está ubicado en la calle Duhalde y que lleva ese nombre debido al río Dnieper. Esta colectividad comenzó a llegar a fines de la década del 20 y estaba formada principalmente por ucranianos, bielorrusos y lituanos. La mayoría concurre a la Iglesia Ortodoxa Rusa del Patriarcado de Moscú, cuya central se encuentra en Bulnes 1778, en la Cap. Federal.

En Llavallol, los ucranianos, bielorrusos, yugoslavos y polacos que simpatizaban con la ex Unión Soviética, se instalaron en Estanislao del Campo y José Hernández, hasta que en 1940, por diferencias políticas respecto a la Segunda Guerra Mundial, se produjo la división de los mismos.

Un grupo importante de ellos compraron, en 1950, los terrenos de la calle Duhalde 265 y fundaron el Club Alexis Tolstoi, que funcionó hasta 1962, en que fue clausurado por el presidente Juan. C. Onganía por supuestas actividades comunistas.

No obstante, sus asociados se siguieron reuniendo en casas de familias hasta que, finalmente, se produjo su reapertura en 1969 con el nombre de “Club Dnipro”. La guerra quedó atrás y hoy los descendientes de aquellos fundadores son argentinos y están al frente de la conducción del club. Su primer presidente fue el Sr. Miguel Kriulek y hoy ocupa ese cargo el Sr. Jorge D. Kuzminin, que es un joven empresario de cuarenta años. Sin duda los socios ucranianos que siguen integrando dicho club aceptaban integrar la ex Unión Soviética, pero bajo un régimen de máxima autonomía posible. Pero los cambiantes acontecimientos mundiales y la desaparición de la Unión Soviética, ha posibilitado que Ucrania, cuyo territorio supera a la misma Francia, haya logrado la tan ansiada independencia, pero estas familias como muchos de los inmigrantes que han llegado a nuestra patria han echado raíces definitivas a través de sus descendientes.

Los socios acuden al club para aprender los idiomas ucraniano y ruso y asimismo las danzas folklóricas regionales. Se practica fútbol, voley y ajedrez, mientras se realizan reuniones periódicas de actividades culturales y sociales. Festejan el 9 de mayo, que es la fecha de la finalización de la II Guerra Mundial y en abril, el natalicio de Taras Scevcenko, que fue el poeta nacional que vivió en el siglo pasado. Allí, en un centenar de manzanas, conviven italianos, españoles, polacos, ucranianos, rusos y argentinos que están unidos por un mismo propósito: trabajar, formar una familia y vivir en paz. Tal vez este sea una de las cosas buenas que tiene nuestra acogedora tierra.

Los ortodoxos rusos

En 1949 un pequeño grupo de creyentes ortodoxos rusos fundaron la Parroquia de la Santísima Virgen del Amparo de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio, que funcionaba en casas particulares y en la Casa de Inválidos de Guerra Rusos, desde donde se trasladó, en el año 1954, al actual edificio de la Calle Anchorena 665, en Temperley. Esta Iglesia fue levantada casi exclusivamente por los inmigrantes rusos llegados de Europa, algunos modestos aldeanos llegados hace tiempo y otros profesionales exiliados después de la última contienda mundial. Con el esfuerzo de estos ingenieros, arquitectos y constructores se hizo posible el proyecto, la dirección y ejecución de la obra. Los sábados, domingos y días feriados, se podía contemplar de 15 a 20 personas trabajando con ahínco y profunda fe religiosa; levantaron, con fe y amor, ese templo que iba a ser consagrado finalmente el 28 de junio de 1959. Con sus propias manos fue construido el iconostasio, siendo los íconos pintados también por una artista rusa. Poco tiempo después fue construida la casa parroquial, donde funcionó una escuela. Aquí se llevaban a cabo pláticas espirituales y las fiestas parroquiales.

Hoy existe un coro y se conservan sin alteraciones desde los antiguos tiempos las celebraciones religiosas de los primitivos cristianos, creando un sentido místico y sublimación religiosa. El actual cura párroco es el Arcipreste Sergio lvanov y uno de los activos miembros de la parroquia, cuya esposa integra el coro de la misma, es el Ing. Nicolás Siedlarevich, quien a su vez, es el presidente del Centro Ruso Blanco en la Argentina. Cuando uno entra en su casa y observa en su escritorio un enorme cuadro de la familia Imperial Rusa, las fotos de oficial del ejército ruso, los diplomas, la bandera roja, azul y blanca de la Rusia Imperial, uno se da cuenta que Temperley, dentro de su modestia y encanto, se ha convertido en el hogar de muchos hombres que todavía se resisten a perder su estilo de vida y los valores de la cristiandad.

Del Libro "Temperley, su historia y su gente", escrito por Jorge N. Gualco y Alberto S. J. de Paula, Ed. Pleamar, 3ra. edición, 1992

Iglesia Ortodoxa Rusa de Temperley

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